Hecho en Bs. As. - Marzo 2009

A CULTIVAR QUE SE ACABA EL MUNDO PARTE 4 / Programa de Agricultura Urbana - Entrevista con Antonio Lattuca, ingeniero agrónomo y director de PAU, y Raúl Terrile, coordinador de producción del PAU

“Espacios degradados, que antes eran basurales, son recuperados por el trabajo del hombre”
 

¿Crisis alimentaria? ¿Escasez de alimentos? Ninguno de los dos temas ocupan a la gente del Programa Agricultura Urbana (PAU) de Rosario, un sistema de producción de hortalizas de fácil adopción y de una increíble multiplicación de vínculos comunitarios. Desde hace seis años, un camino certero hacia la soberanía alimentaria. Malena Montenegro se metió en la huerta, habló con sus promotores y con los huerteros. Conozcan esta experiencia que hoy alimenta y nutre de trabajo a unas 350 familias, cuyos cultivos se extienden en un total de 7 héctareas huertas y ya cuentan con 5 ferias agroecológicas activas.

“Cuando vino la crisis del 2002 nosotros pensamos que se podía ofrecer un espacio donde la gente pudiera producir alimentos sanos para su consumo. A lo que ya hacíamos en las huertas comunitarias, queríamos vender lo obtenido, generar un ingreso y que la gente de Rosario también accediera a la compra de productos ecológicos”, comenta Antonio Lattuca, coordinador del Programa de Agricultura Urbana (PAU) de Rosario. Lattuca es ingeniero agrónomo, promotor del Centro de Estudios para la Producción Agroecológica (CEPAR). El CEPAR comenzó promocionando huertas en la Villa Saladillo, junto con la Cooperativa Saladillo Sur y es un actor clave en la creación del PAU. “La horticultura la mamé de mis abuelos maternos; mi abuelo era quintero y mi abuela jardinera. Siempre tuve un vínculo muy fuerte con las plantas. Lo que menos me gusta es todo el trabajo burocrático que necesitamos realizar dentro del Estado”.

Sin embargo, a juzgar por sus resultados esta dificultad no fue un obstáculo para él. La prueba está en que la Municipalidad de Rosario en 2002 se interesó por este trabajo del CEPAR, acelerado por la crisis de 2001, y decidió apoyar la creación del Programa de Agricultura Urbana. Hoy, el PAU es parte de los planes oficiales.

Y como si ahora no lo fuera, Latucca afirma: “Era una época muy difícil, en Rosario y en el país. Fue una apuesta grande en ese momento el poder concretar este proyecto. Con muy pocos recursos...al principio lo único de lo que disponíamos era la ayuda alimentaria, pero la demanda crecía”, dice Antonio mate de por medio, mientras observa cómo una de las huerteras remueve la tierra. En los barrios de la periferia rosarina la crisis movilizó a algunos habitantes: en el sudoeste hay quintas, y eso impulsó a los vecinos a comenzar a cultivar para el autosustento.

 

SON LOS PROCESOS, NO LOS INSUMOS

El objetivo es abrir un proceso de construcción, de desarrollo a partir de la participación de los barrios con más personas viviendo en la pobreza, crear formas solidarias de producción, procesos de transformación, crear circuitos de comercialización alternativos y consumo de alimentos saludables.

Hoy existen cerca de 350 familias que conforman esta experiencia de agricultura urbana, en cada barrio se organizan para producir verduras y luego comercializarlas en las 5 de ferias agroecológicas.

El agrónomo sostiene que siempre han trabajado con la propuesta de la agroecología, “Es una concepción donde los productores - en este caso son los huerteros urbanos - tienen el control de todo el proceso. Es una producción de procesos y no de insumos”.

El programa tiene una arista interesante que tiene que ver con la obtención de terrenos para producir: la municipalidad otorga las tierras. “Por el tema de la tenencia de la tierra tenemos que competir con la vivienda que es una necesidad primaria de las familias con las que trabajamos. Se hizo un estudio con Naciones Unidas y dos ciudades de Cuba y de Brasil del cual formulamos un diagnóstico sobre cuáles eran los suelos más aptos y más accesibles para la agricultura urbana. Llegamos a hacer una tipología de espacio de los suelos “no construibles” que teníamos en Rosario”, detalla Antonio.

Esos suelos competentes para la agricultura urbana son los que se ubican al costado del ferrocarril, a los costados de los arroyos y a los costados de la autopista.

Esos lugares son justamente donde se están ubicando los Parques Huertas que quedan como espacios permanentes.

“Los Parques Huertas están dentro de las políticas públicas del plan bienestar de la ciudad”, aclara Lattuca. Estos sitios son áreas públicas multifuncionales donde se une la posibilidad de recuperar un paisaje y conformar un espacio productivo. Están proyectados en grandes terrenos en el que pueden desarrollarse actividades recreativas, educativas y productivas.

 

ACCESO PERMANENTE A LA TIERRA

“Rosario es la primera ciudad del país y de América del sur que tiene esta tipología de espacios donde los productores pueden acceder a la tierra en forma permanente. Se renueva periódicamente, en convenio. Estamos en una etapa de consolidación, pasamos de las huertas de la urgencia a la huerta incluida dentro de la trama urbana. Por primera vez la actividad de agricultura urbana se ínstala como una actividad permanente”, agrega Lattuca con alegría. “Y el plus que nos da este proyecto es poder instalar estos espacios con esos espacios de capacitación y aprendizaje. Para todos son cosas nuevas, no hay casi experiencia. La idea es aprovecharlos como espacios productivos, demostrativos, de embellecimiento y mejora de la ciudad, y aprender juntos para otros espacios”, reflexiona Antonio.

 

INTEGRAL

La fina trama de esta iniciativa prevé un equilibrio sustentable entre los niveles ambiental, económico y social. Es lo que se daría en llamar un proyecto integral. “El trabajo que realizamos con el equipo es muy gratificante porque vamos viendo cómo se van mejorando y logrando cambios en las personas y en el hábitat, cómo espacios degradados -que antes eran basurales- el trabajo del hombre los recupera. Es gratificante también ver como simultáneamente las personas mediante ese trabajo, recuperan la dignidad”, dice Lattuca.

Una de las claves es trabajar con los vecinos para que se apropien del lugar, del espacio público. “Hay códigos en el barrio, hay gente que está trabajando ahí. Si bien hay vandalismo por parte de los jóvenes que no valorizan el trabajo, los vamos involucrando en esto. En algunos lugares hemos tenido que apelar a la seguridad, pero generalmente en el primer momento, hasta que se instala, la huerta empieza a formar parte del paisaje y ya la gente se acostumbra a que eso esté ahí”, explica Raúl Terrile, coordinador de producción del PAU.    

Además, han logrado insertar productos en las cadenas de comercialización y hoy son proveedores del supermercado DAR de Rosario. “No fue fácil a nivel operativo vender en un supermercado, vender en la economía formal. Le vendemos a este supermercado porque hay un trato más humano, que promueve a la economía local. Nuestro objetivo es también hacer que las personas se sientan valorizadas”, describe Terrile.

“La comercialización se consolidó y para nosotros va unido a la producción, en el concepto de que la seguridad alimentaria muchas veces en la ciudad requiere que la familia tenga dinero para comprar sus alimentos”, suma Lattuca

 

ORGANOPÓNICOS

En los Centros de Integración Comunitaria (CIC), de zona norte (Cerámica y La Lagunita), se están desarrollando por primera vez los organopónicos. Surgidos en Cuba tras el colapso de la Unión Soviética, los cubanos se las ingeniaro para generar un sistema de cultivo urbano que permitiera la seguridad alimentaria y que el PAU comienza a investigar. “Es una forma de producción. Es un método de producción intensiva en la ciudad, en pequeños espacios pero con mucha carga de materia orgánica (de abono). “Nosotros hace tiempo que queríamos hacer la experiencia, de Cuba vinieron para contarnos un poco cómo es la experiencia de ellos, ya que ahora estamos instalando todo para hacer las experiencias piloto acá”, dice Lattuca.

El PAU está trabajando en los CIC del oeste, una de las zonas más pobres de Rosario. para instalar una agroindustria que busca integrar verduras y cosmética

“En Rosario, comparado con otros lugares del país, tenemos el río Paraná y tenemos agua. Este año tuvimos con la bajante del río problemas de agua, entonces queremos empezar a hacer experiencias piloto de reciclado y cosecha de agua. Reciclado de las aguas grises no de las aguas negras, agua grises son las que usamos para bañarnos y lavarnos las manos. En esto también estamos trabajando con la facultad de Ingeniería Sanitaria”, relata Terrile.

 

IMPULSOS Y RESULTADOS

“Con el tema de la huerta ecológica fuimos construyendo una visión, enmarcada en lo que es la agroecológica donde se  trabaja en forma simultanea los niveles social, humano ambiental y económico. Es un camino de transformación individual pero a su vez grupal y también de mejoramiento del entorno”, afirma,

Por otra parte Terrile afirma que como profesionales han adquirido conocimientos en la universidad, pero advierte que como ingeniero ha aprendido más afuera que dentro de la Universidad. “Tengo la posibilidad de trabajar en lo que creo y en lo que apuesto ideológicamente. Me da muchas satisfacciones, porque uno disfruta cuando una persona, una familia puede mejorar su condición de vida. Podemos demostrar que la agroecología es un realidad no teórica, puede manifestarse en cosas concretas. La agroecología ha tenido mucho más desarrollo a nivel familiar rural y esto es poder demostrar que en Rosario la agroecología urbana también puede ser posible”, concluye. Terrile.


A Cultivar que se acaba el mundo

A CULTIVAR QUE SE ACABA EL MUNDO es una serie de informes de Hecho en Bs. As., con ICEI y sus proyectos en el Cono Sur con el objetivo de promover y fortalecer la agricultura familiar y la soberanía alimentaria, y comunicar qué están haciendo sus actores.

ICEI es una ONG italiana de cooperación para el desarrollo dedicada a generar modelos innovadores de intercambio social, económico y cultural, promoviendo la autonomía y participación de comunidades en riesgo para erradicar la pobreza a través de la valorización del capital humano y de los recursos locales.