Hecho en Bs.. As. - Arbil 2009

A CULTIVAR QUE SE ACABA EL MUNDO PARTE 5 / 22 de abril - Día de la Tierra

DAVID Y GOLIAT

La población crece. La crisis alimentaria y financiera mundial se expande. Empresas y gobiernos están al acecho de tierras fértiles y cultivables fuera de su territorio para asegurar la alimentación de sus pueblos. Organizaciones sociales argentinas tienen el tema en su agenda e investigan y pelean por la recuperación de tierra. La realidad territorial por estas latitudes. Mapa de situación. Por la redacción de HBA.

 

No es ciencia ficción. Corea del Sur, a través del gigante Daewoo Logistics, concertó un acuerdo para acceder a 1,3 millones de hectáreas en Madagascar durante los próximos 99 años para sembrar alimentos y especies destinadas a la producción de agrocombustibles. Como parte del acuerdo, Daewoo invierte 7000 millones de dólares durante 20 años para crear un puerto y beneficios para la población como generación de trabajo y una escuela (leyó bien, es una). Desde Daewoo dicen: "Queremos plantar granos allí para garantizar nuestra seguridad alimentaria. El alimento se está convirtiendo en un arma en este mundo". El acuerdo entre Madagascar y Daewoo es el ejemplo más agudo de una tendencia que promete no parar: la inglesa Landkom, las suecas Black Earth Farming y Alpcot Agro o la nipona Mitsui son algunas de las de empresas que adquieren tierras fértiles en el extranjero para cultivos intensivos que aseguren el sustento de su gente.

En cuanto a los países que “albergan” estas inversiones figuran además de Madagascar, Ucrania, Rusia, Brasil, Sudán, Argentina, Pakistán, Laos, Camboya o Etiopía.

La estrategia de estos inversores surge tanto como resultado del crecimiento de la población como a raíz de la falta de tierras aptas para cultivos básicos que alimenten a sus propios países.

Un tercer motivo obedece al alza de la rentabilidad de los agronegocios frente a la merma de oportunidades en los negocios financieros y de servicios, el aumento del precio de los alimentos y el crecimiento de productos energéticos sustitutos como agrocombustibles.

 

LLEGARON LOS INVERSORES

Según la Organización de Estados Americanos (OEA), América latina tiene la mayor desigualdad en la tenencia de la tierra comparado con el resto del mundo. Según la OEA, en los ´80, 6% de la población tenía el control de toda la tierra mientras 94% estaba sin tierra. Se calcula que en la Argentina y Brasil 70% de la población no tiene acceso seguro a la tierra. Y quienes disponen de la tierra, en algunos casos, la tienen en condiciones informales, falta de acceso al crédito, entre otros.

Y encima vienen por ellos.

“En Argentina se ha vivido un proceso de concentración y extranjerización de la tierra que en un principio tuvo que ver con la soja, pero que ya cubre otros intereses. Se trata de un modelo de explotación basado en el saqueo de recursos naturales. En complicidad con gobiernos provinciales, llegan personas con títulos de propiedad para desalojar a campesinos que no tienen papeles pero han habitado ahí por generaciones. Frente a esto, algunos, como el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE), se han organizado y están poniendo el cuerpo”, explica Carlos Vicente, representante en la Argentina de la organización internacional Grain (Semilla). ¡Se adueñan de la tierra!, un informe de Grain explica la avidez de empresas y gobiernos por tierras fértiles –un bien finito y agotable– que se ha acelerado con consecuencias peligrosas para la soberanía alimentaria de los habitantes de esas tierras.

En los últimos tiempos hubo una ola de intentos de desalojos de tierras y campesinos, miembros de movimientos por los derechos rurales detenidos en Mendoza, en Santiago del Estero, en Formosa. Campesinos que aclaran que ante sus denuncias, la policía jamás actúa; ante un llamado de los empresarios que vienen por tierras, se activa todo. “Estamos amparados por el Código Civil, pero algunos jueces, fiscales y policías parecen desconocer la legislación”, denuncian los Sin Tierra de Mendoza.

 

OPERACIÓN RESCATE

Frente a este escenario, organizaciones locales promueven el debate y actúan sobre la recuperación de las tierras para su uso sustentable.

“Preferimos hablar de territorio, antes que de tierra. El territorio incluye la vivienda, la familia, el alimento, el agua, la cultura, la vida. Es un bien social más que económico y una de nuestras grandes luchas es contra el desalojo. Cuando la gente habla del campo, nunca habla de esta situación”, dice Miriam Bruno, coordinadora del Foro Nacional de Agricultura Familiar (FONAF). Y aclara: “El desalojo muchas veces es encubierto: políticos que convencen a campesinos de que se vayan a la ciudad, que van a vivir mejor. O cuando no te pagan lo justo por tu producción y te ves obligado a abandonar tu tierra o alquilarla a un pool sojero o a una multinacional”.

“Frente a un proceso de concentración de tierras los productores son muy débiles y no tienen apoyo del Estado, no tienen subsidios ni capacidad de crédito, porque muchas veces no tienen los títulos de propiedad”, cuenta Gabriela Degorgue, representante del FONAF en Chubut.

 

CUESTIÓN DE IDENTIDAD

“Tenemos una organización que se dedica a la cría de llamas y ovejas, y la producción de carne, cuero y fibra. Cultivamos alimentos y algunas plantas originarias como la quinua. Nuestra relación con la tierra es nuestra vida. Los problemas de desalojo tienen que ver con la explotación de la tierra, que va en contra de la vida de la comunidad. Nuestro territorio era una encomienda: Un territorio que se le dio a un conquistador español para que evangelizara a los aborígenes. Luego el encomendero pasó a ser el dueño. En 1800 hubo levantamientos en el norte argentino para recuperar las tierras. Hubo persecución de líderes y matanzas por parte del Estado. Hacia el 1900, algunas comunidades compraron la tierra. Pero muchos no tuvieron esa posibilidad. En el siglo 20 ocuparon tierras fiscales y desde hace algunos años se ha iniciado la recuperación de tierras”, explica Roxana Maidana de la Comunidad Quechua Yavi de Jujuy.

 

RESISTIRÉ

“Hay dos tipos de derechos: el que lo tiene porque tiene el papel y el que tiene derecho porque ocupa y trabaja la tierra. Vos vas a la Justicia y te preguntan qué papel tenés...no te preguntan hace cuánto vivís, o qué has hecho con la tierra”, se queja Ángel Machuca, de la Unión de Pequeños Productores Chaqueños (UPPC). “Ante desalojos, nos amparamos en la ley veinteañal y podés defenderte como titular”, expresa Machuca, que cuenta que la UPPC surgió en los ’80 para apoyar a pequeños productores en temas de producción y en la gestión de tenencia de tierras. “En 23 años que trabajamos se han recuperado 15.000 hectáreas de tierras públicas y privadas”, cuenta desde el Chaco, donde las tierras han empezado a ser codiciadas para la ganadería, desplazada del resto del país por su menor rentabilidad. Al igual que en otras provincias, el Chaco sufre los desalojos de comunidades campesinas e indígenas.

“Es lo mismo que le ha pasado al Mocase. Y resistimos a quien sea, a la policía, a la gendarmería, difundimos la situación por radio y buscamos los medios políticos para actuar. Hacemos publicidad y eso sirve porque cuando se entera la ciudadanía, hay rebote, y los Gobiernos tienen que hacer algo...no pueden ordenar un desalojo en silencio”, explica. Gracias a la presión civil, el gobierno provincial suspendió los desalojos de tierras fiscales. Al menos por el momento.

Visiones similares apuntan a la cosmovisión originaria como el pilar del uso de la tierra. Y con un componente histórico que al parecer, se repite: la apropiación.

“Somos un pueblo con una cosmovisión que dice que el territorio es nuestra vida. Para nosotros -el pueblo mapuche- la toma de tierras tiene que ver con la reivindicación de nuestra identidad. Recuperar el suelo que fue apropiado por el Estado en nombre del progreso para responder a intereses internacionales, que en ese entonces tenía que ver con Inglaterra y la producción de lana. Esos intereses fueron los mismos que actuaron para fomentar la guerra en Paraguay o el despojo de nuestros hermanos indígenas del Chaco”, dice Chacho Liempe del Consejo Asesor Indígena de Río Negro (CAI). “Desde entonces, la intervención del Estado nos impone sus reglas. Nos desplazaron a las peores tierras o a asentamientos urbanos donde pasamos a formar parte de la miseria. Hoy la palabra no es progreso sino desarrollo sustentable, y se buscan otros recursos como petróleo o agua, pero los intereses internacionales son los mismos, y la función del Estado también”, prosigue. En un trahun (asamblea colectiva) del ´97 decidieron comenzar a recuperar las tierras. “Hoy hay 100.000 hectáreas recuperadas, a pesar de la respuesta negativa del Estado que busca invisibilizarnos. Reestructurar nuestra economía para no correr detrás del mercado. Por suerte, como dice un nehuen (joven) amigo, tenemos experiencia en pasar hambre”, remata.

Y siguen viniendo por ellos.

BOLIVIA: ¡TIERRA!

El 14 de marzo 2009 se dictaminó en Bolivia la quita de tierras a latifundistas que tenían en sus haciendas a personas en estado de esclavitud. Esta decisión está basada en la nueva constitución de Bolivia que marca que se garantiza la propiedad agraria empresarial siempre y cuando se cumpla la FES (función económica social): que se emplee la tierra en forma sustentable en el desarrollo de actividades productivas, en beneficio de la sociedad, del interés colectivo y de su propietario.

¿El dato curioso? La legislación boliviana que permitió la entrega de estas tierras a 5000 personas en estado de esclavitud está en parte inspirada en una vieja legislación argentina, eliminada por un decreto del gobierno de Aramburu en 1956, meses después del derrocamiento de Perón en 1955. El artículo 38 de la norma argentina estipulaba que la tierra debía cumplir una función social, reivindicando además los derechos de los trabajadores, lo que popularizó la consigna la tierra para quien la trabaja. Fuente: ALAI América Latina

CERO CRISIS

Según datos del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) con apenas un 13% del total de las tierras cultivadas de la Argentina, los agricultores familiares del país cubren 20% del Producto Interno Agropecuario y 55% del consumo interno de alimentos.

A Cultivar que se acaba el mundo

A CULTIVAR QUE SE ACABA EL MUNDO es una serie de informes de Hecho en Bs. As., con ICEI y sus proyectos en el Cono Sur con el objetivo de promover y fortalecer la agricultura familiar y la soberanía alimentaria, y comunicar qué están haciendo sus actores.

ICEI es una ONG italiana de cooperación para el desarrollo dedicada a generar modelos innovadores de intercambio social, económico y cultural, promoviendo la autonomía y participación de comunidades en riesgo para erradicar la pobreza a través de la valorización del capital humano y de los recursos locales.