Hecho en Bs. As. - Mayo 2009

A CULTIVAR QUE SE ACABA EL MUNDO – PARTE 6 / CULTIVO AGROECOLÓGICO DE PLANTAS AROMÁTICAS Y MEDICINALES: LA COOPERATIVA CALMAÑANA DE URUGUAY

AROMAS DE LA OTRA ORILLA

El consumo de productos naturales y el consumo responsable crecen día a día en el mundo. En Uruguay, hace más de 20 años, un grupo de mujeres rurales decidió afrontar la crisis económica apostando a la producción de hierbas aromáticas y medicinales trabajando en cooperativa. Sara Masteralto nos cuenta la historia de una experiencia asociativa con fragancia exquisita.

En Canelones, a 80 kilómetros de Montevideo, la historia se desarrolló igual que en muchos otros pueblos rurales de Argentina y Uruguay. A la quiebra del ingenio azucarero al que durante muchos años habían abastecido los productores locales de remolacha, hubo que sumarle el cierre del ferrocarril.

Vía muerta, calle con asfalto. Esto dejó a muchos hombres sin trabajo y debieron reconvertir las granjas para buscar las mujeres un ingreso propio

Así es como un grupo de mujeres le hicieron frente a la adversidad y se decidieron por una cooperativa de cultivo de hierbas aromáticas orgánicas convirtiéndose en pioneras en su género en Uruguay.

“En el campo el aislamiento es muy grande, entonces nos propusimos juntarnos de vez en cuando. Desde la Sociedad de Fomento llegó una socióloga que nos ayudó a agruparnos. Después vino el Grupo de Estudios sobre la Condición de la Mujer (Grecmu) en 1987. Inició el trabajo con mujeres para reflexionar sobre la creación de un espacio propio y la posibilidad de brindar un servicio ecesario en la zona. Así fue que formamos tres grupos, dedicándonos en una primera etapa a servicios relacionados con la salud. Como para generar ingresos al grupo construimos un invernáculo para producir y vender hortalizas. E iniciamos la prueba de varias hierbas aromáticas con el apoyo de una ingeniera agrónoma que se integró al equipo. Las semillas fueron traídas desde el exterior, y al ser nuestra forma de producción totalmente orgánica, nos convirtió en pioneras en ese tipo de producción en el Uruguay”, cuenta Graciela Gonzáles, una de las 18 mujeres que en Canelones decidieron escribir una historia diferente, protegiendo su territorio y su bienestar en un ajustado balance entre el respeto al medio ambiente, la familia y el contacto con las necesidades de las grandes ciudades y los mercados internacionales.

 

VEINTE AÑOS NO ES NADA

Hoy, 22 años después, las diez hectáreas donde la Cooperativa Agraria Limitada por un Mañana (Calmañana) cultiva y produce plantas medicinales y aromáticas de forma sustentable, cuenta con 15 secaderos solares y 7 invernáculos equipados con riego para facilitar la plantación en los meses de invierno.

El trabajo controlado permite, entre otras cosas, verificar que el producto no sea rociado con fertilizantes o agroquímicos, además de responder ordenadamente a la demanda. Es que la recolección no controlada que se hacía de las plantas silvestres en Uruguay, algunas veces llevaba a la sobreexplotación y el empobrecimiento de los ecosistemas.

“Lo que sucede es que a veces la gente por necesidad, alguien le dice que le da tanta plata por una cantidad de plantas, entonces lo hacen. Y a veces esa necesidad hace que los recolectores se conviertan en depredadores”, explica Graciela.

 

CAMINO ORGÁNICO

Más allá de la tradicional medicina india o china, o de los saberes ancestrales que a los indígenas les han permitido vivir sin utilizar los sistemas médicos tradicionales sin perder la salud, la elaboración moderna de productos hechos a base de hierbas naturales no es nueva. La suiza Weleda creada en 1921 por el padre de la antroposofía, Rudolf Steiner, vende sus productos de higiene personal en el mundo y trabajan con la lógica del comercio justo, pagando a los proveedores de materia prima más que el mercado. En Brasil, la firma Natura, produce desde 1969 a base de hierbas naturales, con criterios ecológicos y responsabilidad laboral y social.

Ese es el camino que siguen las mujeres de la Cooperativa Calmañana que además del cultivo agroecológico de plantas medicinales y la recolección sustentable, desde hace varios años, han armado una red de distribución de aderezos a base de hierbas en supermercados a través de su marca Campo Claro.

“Estamos trabajando con 19 productos más seis mezclas (para carne, pollo, pescado, queso, salsas y pizza). Tenemos rubros tradicionales: orégano, tomillo, romero, estragón, eneldo, ciboulette, cilantro, hacemos azafrán del país”, cuenta Nahir Lajuní, miembro de la cooperativa. “Se presentan en cajitas, primero envasamos en bolsitas de propileno y después en cajitas. Son distinguibles, con el sello arriba que dice: Producto orgánico”, cuenta a su lado Martha Cabrera.

Las mujeres recibieron capacitación en proyectos, comercialización, marketing, envasado industrial y producción orgánica y visitaron a productores orgánicos de Brasil para conocer su experiencia. Han sido premiadas y reconocidas en diferentes ocasiones, tanto nacional como internacionalmente. “Nuestro objetivo es comercializar a nivel nacional y exportar con certificación internacional de producción orgánica como forma de generar ingresos y puestos de trabajo en el entorno rural en particular entre los jóvenes, de manera que el campo no disminuya más su población”, dice Graciela. ”También pretendemos lograr el acceso de las mujeres rurales al mundo de la tecnología de la Información como medio de desarrollo empresarial y formativo”, explica.

En julio 2008 la cooperativa exportó por primera vez a Italia y hay pedidos de España, donde Calmañana fue seleccionada para la Feria Internacional de Empresas de Mujeres que realizó el instituto Andaluz de la Mujer, en Granada.

 

PROCESO NATURAL

“El camino recorrido no sólo es para nuestra cooperativa una alternativa en el plano económico sino también una forma de realización personal para cada uno de sus miembros que se refleja en nuestras familias y en la comunidad en su conjunto”, se alegra Graciela, sin dejar de destacar los desafíos que tienen por delante, como la amenaza del uso de agrotóxicos por parte de productores de la región o la necesidad de inversiones para afrontar la demanda externa.

“Somos pequeñas parcelas y aquellos vecinos que aplican agrotóxicos no se están perjudicando sólo ellos, sino también a los vecinos que hacemos producción orgánica”, dice Graciela.

“Estamos trabajando para tener una infraestructura adecuada que nos permita llegar a cubrir toda la demanda de exportación. Con la plantación no hay problema, la cooperativa tiene capacidad para producir; estamos implementando un poco más el tema del secado, que es uno de los inconvenientes que tenemos. Estamos trabajando con secaderos solares y desarrollamos secaderos con fuente de calor, que nos asegura producción en grandes volúmenes. Hacemos todo el proceso en forma manual, estamos intentando adquirir herramientas para el picado y el secado, porque una cosa es picar para el consumo interno y otra en grandes volúmenes para la exportación”, explica Nahir, mate de por medio, inserta en el intrincado mundo de los negocios internacionales pero sin perder la perspectiva de su chacra, sus niños, sus animales.

“Esto es una casa de campo: nos levantamos muy temprano y por lo general se ordeña una vaca para consumo nuestro. Luego hay que ir al invernadero, regar, cuidar las plantas. El estar juntas y luchar sirve bien para enfrentar y desarrollar el proyecto de venta que solas no habríamos podido sacar adelante”, concluye Graciela.

UN MERCADO EN CIERNES

HIERBAS POR UN MAÑANA

El mayor potencial a nivel país se presenta en la producción de extractos de plantas autóctonas, principalmente marcela y carqueja. Otras plantas nativas recolectadas en el país son pasiflora, malva, llantén y cola de caballo.

Según la Dirección Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (DINACYT) hay tres niveles en las cadenas de producción: producción primaria (recolección y cultivo de plantas frescas o deshidratadas); producción de secundarizados (aceites esenciales, extractos crudos y extractos estandarizados) y producción terciaria (elaboración de preparados fitofarmacéuticos, nutracéuticos, suplementos alimenticios y cosméticos naturales).

La producción primaria se basa en la recolección silvestre, que es 80% de la materia prima producida. Aún hay pocos productores de plantas medicinales y éstos cultivan en pequeña escala, algunos de ellos organizados en asociaciones y cooperativas. La Cooperativa Calmañana es la más importante con una producción de 5 toneladas.

A Cultivar que se acaba el mundo

A CULTIVAR QUE SE ACABA EL MUNDO es una serie de informes de Hecho en Bs. As., con ICEI y sus proyectos en el Cono Sur con el objetivo de promover y fortalecer la agricultura familiar y la soberanía alimentaria, y comunicar qué están haciendo sus actores.

ICEI es una ONG italiana de cooperación para el desarrollo dedicada a generar modelos innovadores de intercambio social, económico y cultural, promoviendo la autonomía y participación de comunidades en riesgo para erradicar la pobreza a través de la valorización del capital humano y de los recursos locales.