BOLETÍN ES / empresa social // Enero 2009 // INFORME Empresa social ¿Dé que hablamos?

VERDE QUE TE QUIERO VERDE

CRÓNICA DE “EL PUENTE VERDE”, LA EMPRESA SOCIAL DEDICADA A FLORIHORTIUCULTURA CON JÓVENES CON DISCAPACIDAD Y MARGINALIZADOS 

Caminando sobre la avenida Jorge Newbery y en frente al campo de entrenamiento de River Plate, nos encontramos con El Puente Verde. Desde la carretera hay que avanzar por un sendero de piedras finamente terminadas que conducen hasta una amplia construcción, en donde a diario se reúnen los chicos-jóvenes con discapacidad o dificultades de inclusión de la zona y los formadores-profesores.

Al llegar, todos se saludan, hablan del viaje hasta allí y preguntan por los compañeros que aún no han llegado, se cambian de ropa y organizan todo en los casilleros para empezar la jornada.

El Puente Verde, es una empresa social que nació en el año 2000 gracias a la articulación de la Asociación Italiana de Socorros Mutuos de Monte Grande, la ONG para la Cooperación al Desarrollo de Países Emergentes (COSPE) y un pequeño grupo local comprometido con el concepto de empresa social. Nace para contribuir a la inserción social y laboral de personas con discapacidad o en situación de desventaja económica, a través de la formación en el cultivo de flores, plantas aromáticas, plantas ornamentales y de interior, diseño y mantenimiento de parques y jardines, además de encargarse de la producción hortícola para el sostenimiento del comedor interno de El Puente Verde.

Al salir de la edificación nos encontramos con  Gustavo, uno de lo chicos que lleva mayor tiempo participando. Él es quien  lidera las actividades y con orgullo impulsa al grupo a trabajar  a mostrar los resultados a los demás, y por eso, sin dudarlo, nos invita a ver los cultivos y los campos de riego. “Me llamaron de la municipalidad para ofrecerme venir a El Puente Verde, estuve en la huerta 4 o 5 años, ahora estoy armando camperos. El trabajo que hacemos es poner la arena dentro de la maceta, le ponemos con la cuchara la tierra y después se repica. Me siento bien acá en El Puente Verde, hago un poco de todo. Hace ya siete años que estoy en la formación, me acostumbré y me siento bien, con los compañeros me va bien, estoy haciendo distintas cosas”, cuenta Rosa, una de las chicas integrantes del equipo.

Inicialmente, este proyecto fue subsidiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia, con lo que se logró el levantamiento de los invernaderos y la compra de maquinaria básica.  Desde su fundación, han pasado un centenar de jóvenes que fueron derivados desde diversos barrios del distrito de Esteban Echeverría o de escuelas laborales y de educación especial de la Provincia de Buenos Aires.

Bajo el sol primaveral avanzamos algunos metros y pronto se nos une, Ion Starker, uno de los coordinadores de El Puente, quien nos comenta lo feliz que está de trabajar aquí y nos hace ver la necesidad  de este emprendimiento en la región. “Generalmente estas escuelas tienen un límite de edad y no pueden mantener a jóvenes mayores de  21 años. También llegan chicos por recomendación de personas que conocen el proyecto y si al chico le gusta y está en condiciones de empezar, se incorpora”, asegura.

Llegamos por fin al área de trabajo y ya casi todos están en sus lugares, llenando las macetitas de tierra o preparado el terreno. Al ver el lugar, nos damos cuenta de lo cuidado que está: los campos de pasto corto y los invernaderos llenos de color.

“Una de las cosas que tenemos muy claras es que el trabajo es para El Puente Verde, que está desarrollado para que demuestren que pueden trabajar y lo pueden hacer bien, que se pueden relacionar sin necesidad de pasar por algún problema”, explica Ion.

Durante nueve años el centro de formación y producción de El Puente Verde ha brindado a los  jóvenes los conocimientos y herramientas necesarias para poder desenvolverse en diferentes situaciones laborales y sociales. Para cumplir con estos objetivos, Ion nos cuenta que en los últimos años el proyecto ha fortalecido las áreas de capacitación que ofrece a los chicos y al público, incluyendo talleres y programas para la formación integral: “dos veces por semana se acercan las voluntarias para dar clases de alfabetización, pintura y cerámica, entre otros”.

Analía Suárez, Ion y Natalia Ravina,  integrantes de la segunda generación de la organización, idearon una decena de estrategias para fortalecer el impacto. Hoy El Puente Verde y ayuda diariamente a más de 30 chicos con diversas necesidades, favoreciendo a 100 personas de manera directa e indirecta.

El Puente participa también de la feria de Monte Grande. “Hoy casi todos los chicos se hacen cargo del puesto y las personas conocen los objetivos del proyecto y prefieren colaborar con una empresa social que ofrece productos con altos estándares de calidad”, dice Ion.

 

(*) PUBLICADO EN EL BOLETÍN ES (empresa social)