BOLETÍN ES / empresa social // JULIO 2010 // BRASIL – LA COOPA-ROCA, UNA MARCA DE ROPA DESDE LA ROCINHA

ROPA DE TRABAJO

FUE UN GRUPO DE MUJERES DE LA FAVELA LA ROCINHA QUE ALBERGA CASI 200 MIL HABITANTES EN UNO DE LOS MORROS DE RIO DE JANEIRO QUE CREO UNA COOPERATIVA PARA SALIR ADELANTE CON CREACIONES ARTESANALES Y DE DISEÑO. HOY TIENEN CLIENTES TANTO EN EL MERCADO LOCAL COMO INTERNACIONAL Y OFRECEN TRABAJO A MÁS DE 120 MUJERES.

La Rocinha es una de las favelas más populosas de Rio de Janeiro. En el corazón de la Rocinha, funciona hace más de 10 años, COOPA-ROCA, una empresa social cooperativa que agrupó a mujeres desempleadas que se dedican al rubro textil.  COOPA-ROCA nace a instancias de una iniciativa de  María Teresa "Tete" Romeiro Leal en 1981, que tuvo la idea de crear una Cooperativa Textil formada por mujeres que pudieran hacer de los retazos de tela ropa de diseño y pudieran con ello acceder a un ingreso digno cortando con las formas asistenciales. Tete buscaba ayudar a las mujeres de la favela sin caer en la lógica de las Fundaciones que nacían en la posdictadura, casi todas de corte asistencial. Pronto se encontró trabajando con los niños, enseñándoles trabajos manuales y artes plásticas. Cuando recibió una donación de retazos de tela para el taller de arte, una vecina, Doña Teresa, la convenció de que fueran madres y abuelas que supieran coser y tejer la que usaran ese material. Formó un grupo inicial de costureras de la favela y con ellas comenzó a idear el proyecto. Los trabajos artesanales producidos con retazos de tejidos fueron los propulsores de la idea de organizar el primer grupo de mujeres para luego crear la cooperativa. Así fue cómo comenzó a gestarse, a principios de los 80, la COOPA-ROCA. En los primeros años, COOPA-ROCA centró sus actividades en la organización del grupo de mujeres que generaban una pequeña estructura de producción volcada al desarrollo de productos artesanales para la decoración, rescatando técnicas tradicionales. El trabajo que pronto desarrolló COOPA-ROCA permitió no sólo una generación de ingreso sino también mejoramiento de la calidad de vida de las artesanas y sus familias y su autoestima y un aprendizaje colectivo con un enfoque profesional que valoriza la producción artesanal.

 

UN ANTES Y UN DESPUÉS

También fue un antes y después: las mujeres que comenzaron a compartir opiniones, saberes y máquinas de coser. La gran mayoría de los miembros de la cooperativa, que se constituyó legalmente como tal en 1987, como Cooperativa de Trabalho Artesanal e de Costura da Rocinha Ltda, eran amas de casa sin ningún ingreso que llegaron a la Rocinha desde la región del noroeste de Brasil, azotada por la sequía. Con su llegada a la favela escapaban del hambre, pero a la nueva pobreza se sumaron los riesgos de la violencia urbana. El trabajo cooperativo les dio la oportunidad de generar ingresos para cooperar con la economía familiar y sin descuidar ni alejarse del cuidado de sus hijos.
En los primeros años COOPA-ROCA centró sus actividades en la organización y capacitación de las mujeres mediante la generación de una pequeña estructura de producción orientada a las artesanías para la decoración, y en la recuperación de las técnicas tradicionales de Brasil como el "fuxico", el crochet, el bordado,  y el "patchwork". Por esa época, antes de que la cooperativa diera el gran paso hacia las pasarelas mundiales, ofrecían sus productos en galerías de arte, shoppings y kioscos.

 

DEL MORRO A LAS REVISTAS DE MODA

Con un pequeño préstamo bancario en 1988 compraron las primeras instalaciones, una casa que con los años ha quedado chica. La clave del crecimiento y éxito de la empresa fue el pasar de las artesanías a la alta costura. Su originalidad consistió en utilizar técnicas caseras con materiales inesperadamente lujosos: "patchworks" de seda, crochet en un vestido de noche. Esas telas estaban fuera del presupuesto hasta que las fábricas acordaron darle a Tete los remanentes y retazos de seda y algodón. Todavía faltaba resolver el traslado del género a la Rocinha (que los donantes no querían hacer por motivos de seguridad). La minivan que compró un socio alemán relacionado a la "Asociación Europea de Comercio Justo", resultó una solución sin costos.
El giro se completó tras el show internacional de moda en Rio en 1994. Hasta entonces la capital de la moda del país era San Pablo. Tete intuyó ese cambio e invitó a los diseñadores más importantes de la ciudad a dar clases a las integrantes de la cooperativa sobre dos propuestas: enseñar lo básico sobre la producción de ropa y formar a los miembros en cuestiones relacionadas con las tendencias. Un día después de la primera clase de los diseñadores en la favela a las mujeres de COOPA-ROCA, las revistas Elle y Vogue publicaron notas sobre Cooperativa. Que combinaba diseño y acción social. Así fue como en temporadas subsiguientes, las nuevas líneas de ropa creadas en COOPA-ROCA, comenzaron a presentarse en lugares inesperados y en importantes eventos del mundo de la moda y el arte, como el Haus der Kulturen de Berlin, donde fueron recibidas con cascadas de aplausos.
 

 

DISEÑO, DISEÑO

El siguiente giro fue en el año 2000 cuando Tete organizó una exhibición internacional llamada "Rethalar" donde instalaciones de arte, muebles y ropa imaginados por los mejores diseñadores de Brasil cobraron vida gracias al trabajo de las artesanas de COOPA-ROCA. Además de expandir la oferta de productos de  la cooperativa más allá de la ropa, a través de aquel proyecto, Tete conoció a Carlos Miele, un hombre que ayudó a cambiar el futuro de la cooperativa.

Gracias a este diseñador, el más renombrado de la internacional M Officer, las trabajadoras de la Rocinha encontraron salida en los comercios de élite del Reino Unido, Hong Kong, Estados Unidos y por supuesto, en el mercado de Brasil.

A la vez, recibían un inesperado trabajo. El cantante Gilberto Gil les encargó la confección de un "patchwork" confeccionado por diminutos parches para cubrir la caja de uno de sus CDs editada con el nombre de "Palco".

En una entrevista realizada en aquel tiempo, Tete ofrecía tres consejos a quien quisiera comenzar cooperativas en sus propias comunidades:
1- Hacer un contacto intensivo para descubrir el potencial mercado de sus productos.
2- Estimular la toma de decisiones colectiva y continuar capacitando al grupo en gestión de cooperativas.
3- Asegurarse la más alta calidad en la estructura operativa y producción.

Cada integrante de COOPA-ROPA tiene un contrato individual y se reúnen en forma colectiva una vez por semana. El número de miembros de la cooperativa creció de 8 en 1982 a 16 en el 2000 y y hoy suman más de  120. "En nuestras reuniones semanales decidimos colectivamente qué sociedad conseguir, qué hacer con los desafíos financieros y en qué programas invertir nuestro tiempo y energías", afirma Tete.

Hoy, el trabajo en COOPA ROCA permite una mejor calidad de vida a más de 120 artesanas y sus familias. Además de permitir el trabajo en el hogar y la generación de ingresos, ha proporcionado mejoras en las capacidades profesionales y el crecimiento de la autoestima y el aprendizaje colectivo, de forma cooperativa. Su visión es "ampliar el impacto social de su experiencia en la comunidad de Rocinha, convirtiéndose en un referente nacional en el proceso de integración social de las comunidades de baja generación de ingresos a través de trabajo que genera ganancia".

Para ellas, lo central ahora es fortalecer la cooperativa, porque es la estructura que les permite crecer, sostener objetivos a mediano y largo plazo y contar con respaldo institucional. Además, como toda empresa social, COOPA ROPA favorece un circuito comercial equitativo y diferente. "Es también necesario que participe el consumidor, su aporte es pagar un poquito más por un producto bien hecho, de calidad y con una función social", dice Tete.